La unión de las dos cocinas y la mezcla de ingredientes y tipos de cocción es la auténtica riqueza del lugar. Ello lo podemos apreciar en otros muchos platos, como el tataki de atún nikkei -envuelto con alga nori y maíz crujiente-; los anticuchos de lomo de cerdo -brocheta peruana servida con patata y aliño japonés-; o los calamarcitos empanados al estilo japonés con picada peruana de vegetales.
Además, es una gozada la cantidad de sashimis japoneses que tienen su equivalencia nikkei en los cebiches, como el clásico de langostinos y aguacate o el Tokio-Lima -versión del clásico de corvina, con setas japonesas y hojas de sisho.
No tenemos duda que, en poco tiempo, se va a convertir en un lugar de moda de Barcelona. Además de esta fusión tan original de texturas culinarias, ofrece desayunos, comidas y cenas, e incluye la posibilidad de tomar cócteles por la noche, como el Pisco con saque. El diseño interior es uno de los signos que definen su personalidad informal y dinámica, igual que el resto de locales con marca Tragaluz.